Kianny Antigua Desde La Poesía

MUJER

Esta casa

se quema muy lento.

No importa cuántas páginas

corran siniestras,

cuántos personajes

se me inserten en la psiquis

y la pluma,

cuántos mundos

las musas me anticipen

ni universos

mis dedos inventen,

siempre surgen

subyugantes

la herencia,

la polis,

que el niño, que cuándo el otro, que el polvo, los calderos,
el trapo,
el marido-cama-desgane,

las arrugas en las caras y en las camisas,

las citas, citas.

A pesar del ruido,

si no escribiera

el vacío perdería el retorno.

En mi garganta

morirían las semillas, las vidas.

Pero no importa

cuán poeta sea:

El lecho de mis uñas

siempre termina oliendo

a ajo majado y a cebollas.

¡No importa

cuánta bencina rocíe,

esta casa

se quema lento, muy lento!
***

La lluvia

La noche se abre y nace una paloma.

El cielo hincha sus nubes para acogerla en su regazo

y en un intento por conocer la tierra

y los hombres,

rasga con el pico su vientre,

evitando así que mis labios distingan

entre el llanto de Dios

y las vísceras de una nube.

***

[Sin título]

Dormido hasta el polvo

quedó el día

tras la llegada irrevocable del sueño.

Allí, las manos fueron cerraduras

los dientes mordieron sus lenguas,

negros, carcomidos y groseros

como muerte.

Pubis con pus y flagelados miembros

fueron los géneros.

La columna

sintió la ruptura de Eva

y el tiempo

le dio de comer

a las lombrices.

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