Recomendaciones: Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño por Jorge Ulloa

 

Tengo suerte recordando el contexto en el que he leído cada libro, los lugares en los que me senté y la etapa y hechos particulares a mi alrededor que me acompañaron en la lectura. Digamos que no es un superpoder pero resulta gracioso hacer esos cruces. Me pasa con todos excepto con Los Detectives Salvajes. No logro recordar bien cuándo fue (supongo que hace entre dos y tres años). Del libro me acuerdo bien pero no de nada de lo que ocurría fuera de sus páginas. Para el por qué tengo una teoría: ese universo literario es tan vasto que no permite competencias. El realismo visceral no deja espacio para otro tipo de realidad.

Es difícil escribir esto sin irse en la tentación de citar al menos un fragmento de la obra. Pero trato de ser justo y sé que si pongo un párrafo querré seguir con una página, luego un capítulo y así hasta terminar metiendo la novela entera entre estas líneas.

 

 

 

Los Detectives Salvajes se compone de una serie de relatos testimoniales de más de cincuenta personajes a lo largo de veinte años. Bolaño construyó un puzzle de innumerables tonos y narrativas, demostrando un dominio magistral del lenguaje y de los lenguajes. Los hechos tienen de epicentro al México D.F. y se esparcen por otras tantas ciudades que comienzan como refugios para luego transformarse en prisiones.

Se sabe que la obra tiene mucho de autobiografía, casi todos los personajes tienen (o tuvieron) una contraparte en la vida real. Los protagonistas son Arturo Belano, alter ego de Bolaño, y Ulises Lima, alter ego del poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro. En lo personal veo en esa forma de proyectar dos protagonistas igual de indispensables una evidencia del tipo de amistad y el aprecio que sentía Bolaño por Mario Santiago.

Bolaño utiliza la figura de los detectives, muy presente en su literatura, para representar, quizás, una búsqueda irracional de algo que no se sabe bien lo que es, ni lo que se hará con ello si se encuentra. No se trata de una búsqueda de la verdad, ni de culpables, es la pesquisa de un último intento de ideal poético, o de su pista, la poeta Cesárea Tinajero de la que no queda ningún rastro fiable.

 

 

Como buen detective, Bolaño sabe que el Diablo está en los detalles y que la menor partícula puede ser la clave de la identificación y el encuentro del lector. Así maneja una tensión subyacente que va incrementando hasta crear una atmósfera negra que vemos continuada en su otro peso pesado 2666.


 

Los Detectives Salvajes se publicó en 1998, está en su adolescencia pero ya se lee como un clásico. A la vez, es la definición de lo contemporáneo como algo que sucede, aquí y ahora, cien años antes o después y en todas partes. Los invito a leerlo o a releerlo, los invito a caer en la hermosa trampa que es hacerse cómplice de Bolaño.

 

 

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