La piedra africana de Bellatín por J. Beltrán

Mario Bellatín

 

 

Le comenté a una amiga en cierta noche de escaso ron que deseaba entrevistar al escritor Mario Bellatín. Ella aseguró que un conocido suyo había estudiado en la Escuela Dinámica de Escritores que dirigía el autor de Salón de Belleza. Yo le conté una historia sobre un amor que supuestamente él tuvo en su  juventud.

Dije que Mario estaba enamorado de una muchacha que no le correspondía del todo.  Cierto día ella le dijo a Bellatín que sólo se casaría con el hombre que gastara todos sus ahorros para comprarle la joya más cara que hubiera en Tiffany’s. Mario no tenía mucho dinero.

Se presentó una oportunidad para viajar a África, Bellatín la aprovechó. Allá trabajó en una cosa y otra, hasta que cayó con unos tipos que traficaban joyas. Mario encontró una piedra negra muy cara. Por defenderla perdió el brazo en un accidente. Pensaba vender la piedra para poder casarse con la muchacha.

Cuando llegó a México se colgó del cuello la joya. Decidió que no valía la pena deshacerse de la piedra, que con el brazo pagó el enamoramiento.

A mi amiga le pregunté si no se había fijado en que Bellatín siempre llevaba un colgante, ella negó.  Meses después me habló de la historia de la piedra. Yo no recordaba bien de qué me hablaba. Fue un embuste que no pensé que hubiera creído.

Yo continuaba con el  deseo de entrevistar a Mario. Leí las entrevistas que encontré en internet, vi conferencias suyas en Youtube y conversaciones que hizo en programas televisivos. Leí todas las novelas que hallé y le envié un mensaje contándole que deseaba la entrevista y preguntándole su opinión sobre el Pato Lucas.

 

Ópera-cine Bola Negra, el musical de Ciudad Juárez (Marcela Rodríguez, Mario Bellatin, 2012)
Ver más.

 


 

 

Bellatín, sin robar la piedra y sin siquiera hablar del tema, ha recreado a su manera también el robo de alguna piedra. Como cuando dice que el artista es como un monje, a tiempo completo. Justo después de haber hablado sobre la impostura.

J. Beltrán.
En estos días he estado stalkeándole un poco. Me he encontrado muchas veces con sus declaraciones sobre la escritura compulsiva. Ha dicho que antes tenía compulsión por escribir y por leer, pero que ahora es más a la escritura. ¿Qué piensa de una entrevista por chat?

Mario Bellatin.
Pues no tengo una idea definida. Imagino que es aprovechar una herramienta.  

JB.
En sus libros suele haber elementos más o menos biográficos, de cierto carácter hiperbólico. En distintas entrevistas presenta con “frugalidad” irónica aspectos de su vida, hasta dar la impresión de que estos no importan realmente. Luego aparece con actitudes que se relacionan con las que podrían mostrar sus personajes. En muchos casos, casi como el entrenador de perros que inventó un pasado para cada miembro de su familia y para sí mismo: ¿Hasta qué punto inventa las verdades en las entrevistas que concede? Y ¿qué tanta mentira sobre sí mismo precisa poner en sus libros para deshacerse de la autoría?

MB.
No creo que sea mentira la palabra apropiada. Impostura. Más bien. Y todo en literatura debe ser una gran impostura. Siempre y cuando cumpla con su cometido estético. No importa si las cosas son verdad o no. La impostura es lo verosímil. En arte se juega con verosímil no con verdad.

JB.
¿Entonces puede llevarse la impostura fuera del plano creado? ¿Por lo menos en su concepción del arte y el artista?

MB.
¿En la vida cotidiana?

JB.
Ese es un modo de decirlo.

MB.
Ah, por supuesto. Es el ideal. Un creador debe ser como un monje. A tiempo completo

JB.
¿Cómo consigue convertir la cotidianidad en parte de la obra que crea continuamente?

MB.
Uno no debe darse cuenta… De eso en específico. Sino que con el paso de los años hacer del ejercicio de escritura una forma de vida y no una labor de escritorio.

JB.
Usted ha propuesto la no escritura como método para escribir. También ha manifestado en varias ocasiones su interés en deshacerse de la autoría, es decir que permanezca la obra y no el autor. ¿Alguna vez se le ha ocurrido que quizá tanto afán por no estar podría hacer más presente aún al autor?

MB.
Exacto. Es lo que ocurre. Hay una búsqueda de encontrar una suerte de utopía, de que el texto se defina por sí mismo. Pero no es verdad. Y, además, la no escritura tiene que ver también con la corrección constante. Con el quitar elementos antes que ponerlos.

JB.
¿También eso es impostura?

MB.
La impostura es el producto. Las maneras de llegar cada uno las tiene que inventar o adaptar a sus circunstancias.

JB.
¿Entonces puede llevarse esa impostura a un plano fuera de la obra?

MB.
Ah, bueno, sí, pero eso es una decisión personal. Porque lo único que se supone debe importar es el texto.

JB.
Rumi, el poeta turco y maestro de derviches escribió: Transforma tu cuerpo en visión, hazte mirada. ¿Cómo podrían sus propuestas relacionarse con el fragmento de Rumi?

MB.
No era turco sino persa. Estoy cerca a Rumi, en el sentido que se escribe a partir de un todo que trasciende incluso al propio cuerpo. Está enterrado en Konia, que es Turquía.

JB.
Entiendo. Gracias por la aclaración.

MB.
No es por simple corrección,  sino para entender mejor su pensamiento, el linaje del que proviene.

JB.
¿Búsqueda de la unidad? ¿Como el canto de la caña que fue arrancada?

MB.
La Unicidad. No hay más todo que todo. O no hay más nada que nada.

JB.
Supongo que tampoco hay forma real de saberlo. Más bien, de confirmarlo.

MB.
Por supuesto que no. Como no hay manera de comprobar dónde se encuentra el  soplo en la obra de arte.

JB.
¿En este caso el arte funciona como herramienta?

MB.
¿Herramienta de qué?

JB.
Herramienta para intervenir en el todo o intentar comprenderlo.

MB.
No, la idea no es comprenderlo. Sino hacer como si esto fuera posible.

La entrevista terminó con un  mensaje en el que Mario decía: Lo siento, su hora ha terminado.

 


Algunas de las novelas escritas por Bellatín son: Salón de Belleza, Efecto Invernadero, Jacobo El Mutante, La Escuela del Dolor Humano de Sechuan, Underwood 1915. Escritores como Iván Thays le describen como un tipo raro. Otros escritores le consideran un escritor de culto, aunque luego caen en la ambigüedad de no saber qué es un escritor de culto.

 

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